El triunfo contra Güemes le dejó aire a San Martín, pero no le resolvió del todo el problema a Andrés Yllana. Más bien se lo cambió de lugar. Hasta hace unos días, la búsqueda pasaba por encontrar una formación que le diera al equipo mayor solidez y mejores conexiones. Después del 2 a 0 en Santiago del Estero, la discusión ya no gira tanto alrededor de qué modificar, sino de cuánto conviene tocar. No es una diferencia menor. Porque una cosa es corregir desde la necesidad y otra muy distinta es decidir desde un rendimiento que dejó señales positivas. Ahí está el foco hasta el duelo del domingo: ver si lo que funcionó de visitante puede sostenerse también en La Ciudadela, en un partido de características bastante distintas.
Lo que mostró San Martín frente al conjunto santiagueño fue, sobre todo, una estructura más lógica. La línea de tres con Guillermo Rodríguez, Tiago Peñalba y Nicolás Ferreyra le dio al equipo respaldo para soltar a los de afuera, achicar recorridos en la mitad y juntar mejor a los de arriba. Víctor Salazar y Lucas Diarte tuvieron toda la banda, Santiago Briñone encontró un contexto más favorable para tomar la pelota, Nicolás Castro apareció con mayor continuidad y Diego Diellos dejó de quedar tan aislado. No fue solamente un cambio de dibujo: fue una redistribución de funciones. Y eso explica por qué el equipo se vio más cómodo.
Ahora bien, la duda de Yllana tiene lógica. En Santiago del Estero el partido ofreció espacios, transiciones más limpias y un rival que, por momentos, permitió correr. En La Ciudadela el escenario suele ser otro. A San Martín le toca asumir más, empujar más alto y jugar más tiempo en campo rival. Por eso el interrogante no pasa tanto por si la línea de tres “salió bien”, sino por si esa misma estructura puede darle al equipo soluciones cuando el rival se cierre, le junte gente por dentro y lo obligue a atacar con paciencia. Ese fue, justamente, uno de los problemas que tuvo en sus últimas presentaciones en casa.
Los antecedentes como local ayudan a entender por qué esta decisión no es tan lineal. En el empate sin goles contra Patronato, San Martín tuvo intención, pero le faltó claridad para romper la tarde. Frente a Nueva Chicago, en cambio, sí encontró una versión más firme, más directa y con mejores respuestas en los metros finales. Contra Chacarita volvió a tropezar con una dificultad conocida: tener la pelota, pero no siempre encontrar cómo lastimar. El 1 a 1 dejó esa sensación de equipo voluntarioso, aunque demasiado intermitente para sostener el control. Después de ese partido, Yllana lo explicó con crudeza. Dijo que a su equipo le faltó circulación para encontrar espacios y que el rival, por momentos, lo hizo jugar incómodo. En otras palabras: el problema no fue la intención, sino la manera de traducirla.
Ahí es donde la elección del sistema vuelve a ser central. En la pretemporada, Yllana había sido bastante claro al relativizar el peso del dibujo. “Eso es solamente para la organización inicial”, había dicho en enero, cuando explicó que el equipo podía salir de una manera, presionar de otra y acomodarse según el rival. Esa idea se mantuvo durante el torneo, aun cuando muchas veces los cambios se dieron más por necesidad que por convicción. Lo que pasó contra Güemes parece haberle dado una opción más concreta a ese discurso. No porque haya descubierto un esquema mágico, sino porque encontró un modo de acomodar mejor a varios futbolistas.
Obligado a modificar el “11”
También es cierto que no podrá repetir exactamente lo mismo. La lesión de Salazar obliga a tocar una pieza y ahí aparece Elías López como alternativa para ocupar ese sector. Pero el movimiento que realmente importa no está sólo en ese reemplazo. La cuestión de fondo es si Yllana entiende que la base debe sostenerse y apenas retocarse, o si cree que el contexto del domingo le pide otra cosa. Porque Tristán Suárez llega invicto, es escolta y no parece un rival para jugar un partido abierto. Da la sensación de que será un cruce más cerrado, más táctico, más de detalle. En ese tipo de encuentros, San Martín necesitará algo más que orden: necesitará continuidad para mover la pelota, amplitud bien utilizada y mayor peso en tres cuartos.
En ese sentido, lo que queda de la semana también servirá para ver qué lectura hace el cuerpo técnico sobre los rendimientos individuales. Briñone fue una de las piezas que mejor aprovechó el nuevo contexto y eso puede empujar a sostener la base. Castro tuvo una participación más fluida. Diellos volvió a mostrarse fino para aparecer en el área. Y Luca Arfaras, aun sin ser el nombre más rutilante, ayudó a que el ataque tuviera más movilidad. Si el análisis pasa por potenciar lo que se vio en Santiago, el camino parece bastante claro.
La decisión, en definitiva, no será sólo táctica. Será una forma de leer qué clase de equipo quiere ver en La Ciudadela. Uno más parecido al que ganó en Santiago, con una base firme para jugar suelto, o uno más cercano al 4-3-3 con el que viene insistiendo desde el arranque del proceso. Ninguna de las dos opciones contradice su discurso. Al contrario: ambas encajan con esa idea de flexibilidad que viene sosteniendo desde enero. Lo interesante de esta previa es que, por primera vez en varias fechas, Yllana no parece obligado a improvisar. Ahora tiene dos referencias concretas.